¿Por qué la suerte no tributa en Suecia?

folleto-boro-magda-x-4-pags-04_pagina_1¡Pobre muchacha! – pensé leyendo la noticia de Jane Park, una veinteañera británica, cuya vida fue arruinada por la suerte. Veremos.  La pobre cayó en desgracia cuando tenía 17 años. En el pleno desarrollo hormonal a esta teenager, inocente, indefensa e susceptible a las sonrisas, la vida cambió por completo por culpa de la suerte.

La cosa no es que tuvo la mala suerte. Ni mucho menos según la opinión generalmente asumida por la sociedad moderna. A Jane la toco un premio de lotería de un millón de libras (más de 1.175.000 euros) y la destrozó la vida. En la flor de su juventud, tuvo la mala suerte de tener suerte, pero por fortuna todavía tiene fuerzas y no se deja por vencida. Cuatro años después de la traumática experiencia desvela que dará batalla. Va a demandar a la Lotería por, según dice, “arruinarle la vida”.

El fin de semana lo he pasado en Gotemburgo con amigos aficionados, como muchos otros compatriotas, a la hípica. Estaban a punto de llevarse un buen botín pero no tuvieron tanta mala suerte como Jane y perdieron. Les compartí la noticia de la “pobre muchacha” esperando subirles los ánimos pero cuando ésto tampoco resultó alentador les dije que al menos no tendrán que pagar una fortuna en impuestos.

Creía que, igual que en tantos otros ámbitos de la vida, el omnipresente Skatteverket (Hacienda en España) metería las manos y se llevaría un buen trozo del pastel ganado. Pero no. A mi gran sorpresa, mis amigos me explicaron que en el caso de ganar no tendrían que pagar ni un duro de impuestos.

Suecia está llena de paradojas que a uno que viene de los sistemas poco dados a las normas puede resultar chocante. Tal es el caso del servidor. Desde que llegué no salgo del asombro ante tal cantidad de leyes, normas y reglas sorprendentes. Desde la prohibición de llevar el perro suelto en pleno bosque en la primavera, tener caballos emparejados, avisar de la presencia de radares de control, legalización la prostitución y la penalización de sus servicios, permiso de acampar donde uno le da la gana, etc. Es un proceso que poco a poco uno va asimilando con el fin de integrarse. Pero no es tan difícil una vez entiendas que el denominador común de todo ello pasa por una misma institución: Skatteverket.

El aprendizaje es muy sencillo; Hagas lo que hagas tendrás que pasar por allí. Todo y todos pasan por allí. Los reyes y los refugiados. Los obreros y los curras. Los blancos y los negros.

El bien y el mal, pasan por allí pero no la suerte. Por alguna razón, de aquellas nórdicas, la suerte tiene la autonomía y por ello Suecia no cobra impuesto para las ganancias obtenidas en los juegos de azar. Si no me equivoco en muchos otros países sí que se pagan. En concreto en España es alrededor de un 20%.

¿Cómo es entonces que un país como Suecia, donde los impuestos son de los más altos del mundo la Hacienda decida pasar de meterse con la suerte? Es como si dijeran “Nosotros no actuamos donde no se haya realizado una actividad racional que implicara planificación voluntaria. No interferimos donde no controlamos las infraestructuras”.

La suerte no necesita de autopistas, aeropuertos, trenes, administración, legislativas o trámites. No hay mecanismos ni modelos fiables para fomentarla, implementarla y sobre todo no hay forma de hacerla democrática, igualitaria y justa.

Es por ello que creo que los suecos entienden que la suerte es algo que entra en el dominio de la Iglesia y  que siendo el país que dio el amparo a Descartes y uno de los pioneros en la separación entre la religión y el Estado, no pueden hacerla tributar.

No obstante, si ganas la pasta trabajando pagas los impuestos y además en proporción con los ingresos que tienes. Más ingresos más impuestos. Al parecer el Estado quiere dejar claro que tiene mucho que ver con crear las condiciones para que cada uno se esfuerza, fuera más listo, más preparado y obtenga beneficios por ello.

Pero no tiene nada que ver con tener suerte. Esto se sale fuera de sus radares.

De entrada, los pragmáticos y previsores suecos se quieren distanciar y evitar las molestias que la suerte puede generar en la relación individuo Estado. Si eres suertudo es cosa tuya.

Para que algo así se llegara a plantear en Croacia o Serbia, antes de pasar por las Leyes, primero se tendría que cambiar el diccionario. La cosa es que en mi(s) idioma(s) suerte, fortuna y felicidad tienen una sola palabra: sreća. Así nos va. (Pero esto es ya el tema que da para mucho)

Y me imagino la “pobre muchacha” ganando la lotería en mis países. A parte de la Lotería, también tendría que cargarse a la(s) Academia(s).

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