Por la memoria futura

El poder no solo tiene que ver con tomar decisiones. También, y mucho, tiene que ver con no tomarlas. Esto es una de las facetas del poder bidimensional que Lukes (1974) aborda en su excelente ensayo sobre las dimensiones y características del poder. En España actualmente el poder se inclina más del lado de “no tomar” decisiones. El país está volcado en el bucle electoralista impulsado por unos líderes políticos incapaces de dar el paso de seriedad y responsabilidad que el país necesita.

Tras el fallido intento de construir un gobierno de progreso, la aritmética del voto se impone a la semántica ideológica. De cara a sus votantes, ante los “peligros” que para las ideologías y políticas que defienden diferentes partidos supone apoyar uno u otro gobierno de PSOE, más premio hay en abstenerse que en pronunciarse. Es una situación muy compleja que difícilmente tendrá otra salida que la convocatoria de unas nuevas elecciones.

Los partidos de “izquierdas” tuvieron una oportunidad de ponerse de acuerdo pero no hicieron más que evidenciar la enorme brecha que les separa. Me da la impresión que para Sánchez las negociaciones con Iglesias no eran otra cosa que una maniobra táctica para ver si los poderes económicos forzarían al Partido Popular y Ciudadanos a abstenerse y facilitar un gobierno que dejaría fuera a Podemos. Al mismo tiempo, la abstención estéticamente era mucho mejor vista que un apoyo claro de la “derecha” que “Photoshop-aría” al líder de PSOE junto a las caras descolocadas de la foto de Colón. Hasta allí los cálculos parecían darle la razón a Sánchez a quien Aznar tuvo que recordar que estaba “poseído de una imagen de sí mismo y de su liderazgo que no se corresponde con el apoyo electoral que los españoles le han dado”. Hubiera sido mucho mejor si la misma crítica hubiera venido del propio Partido Socialista Obrero Español, pero ya sabemos que las luchas internas que llevaron a Sánchez al “trono” acabaron con el clima que pudiera facilitar la crítica.

Por otra parte, Iglesias se perdió en la soledad del labirinto ideológico cuando en realidad era la hora de ser pragmático. Cuesta creer que no había leído el “bluf” de Sánchez. Si hubiera aceptado las ofertas que desde PSOE les hicieron, su partido saldría beneficiado, más que nada por la imagen que daría como el primero de los partidos nuevos, fuera del binomio PSOE-PP, al entrar en el Gobierno de España. Ya está. Lo hecho echo está y parece que no habrá nuevas oportunidades. Pero no me atrevería darles buenos pronósticos al partido morado en las elecciones de Noviembre. Saldrá lleno de moratones que se llevará de uno y del otro lado. Algunos de sus votantes, por empatía o por nostalgia, les darán su voto pero la buena parte se hará con los de siempre. Además, de cara al discurso electoral, se quedarán sin uno de los argumentos que tan bien les rindió en el pasado; prometer acabar con la tradición de gobiernos rotativos PSOE/PP.

A estas alturas, parece difícil comprender que Iglesias no entienda que los grandes debates entre la izquierda y la derecha se acabaron. La ideología está muerta. Los votantes son convertidos en consumidores y como tales buscan ser seducidos. Buscan productos que mejor manejan las certezas en estos tiempos turbulentos.  Aunque muchos ya saben que las promesas electorales poco tienen que ver con las certezas post electorales, los cuentos viejos suelen ser más familiares y más fáciles de tragar. En fin, uno se va al cine sabiendo que estará engañado. Que todo es un cuento que no tiene nada que ver con la vida real, pero aun así se entrega al olvido. Votar es igual y además sale gratis.

Durante este último par de semanas bochornosas, ambos políticos se escudaron en los principios, pero ninguno llegó a recordarnos cuales concretamente eran, A mí, no sé por quéJ, pero cada vez que escucho uno político hablar de principios recuerdo a Marx cuando decía “¡Estos son mis principios, y si no te gustan!,… pues tengo otros….” Por supuesto, el Marx que recuerdo es el Groucho. Si fueran honestos, Sánchez e Iglesias dirían aquello que todo mundo lo sabe, los principios que invocan son ganas de poder. La política en su afán de “hacer lo necesario” necesita de líderes con carácter, capaces de asumir responsabilidad y tomar decisiones, pero, en los tiempos que vivimos, también necesita de líderes capaces de hacer compromisos por el bien común.

Para mí, la oportunidad más grande que se perdió aquí es la de reconducir hacía el dialogo el conflicto político entre España y Catalunya. Y aquí debo decir que no creo que la izquierda ideológicamente esté más alejada de los ultra nacionalismos. Históricamente hablando, el nacismo y el fascismo, surgieron desde las ideologías inclinadas hacía una izquierda populista. Solamente cabe recordar que el nombre completo del partido liderado por Hitler era Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán.

Pero dentro del contexto actual, en el lado “izquierdo” en España hay más fuerzas dispuestas a encontrar soluciones mediante el dialogo. La alternativa es la foto del Colón cuyos 155 votos en contra de Sánchez dieron un escalofriante augurio del posible escenario tras las nuevas elecciones. El artículo 155 volvería a activarse, reactivaría los extremismos y la solución pasaría por reducir el poder a  la mera fuerza bruta. El retroceso social que esto supondría, no tan solo para Catalunya sino para toda España, sería equiparable al vivido en la antigua Yugoslavia. Aquí no quiero decir que la escalada llevaría a un conflicto armado. Sinceramente no creo (o al menos no quiero creerlo) que hasta allí llegara. El retroceso se evidenciará en todos los ámbitos, empezando por la economía, pasando por la salud y sobre todo la educación, y mermaría los avances que la sociedad española necesita para abrir una nueva página en su riquísima historia.

Una de las nobles tareas de la política es crear memoria. España necesita una nueva memoria para no quedar atrapada en la vieja. Y el imperativo principal para hacerlo es la libertad. Sin libertad de dialogo la confianza se degrada y con ello la prosperidad queda limitada. Cualquier marco legal y constitucional ha de partir de allí. Espero que pasado el calor (no me refiero al del verano) surjan las nuevas oportunidades de hacer las cosas bien. Para ello hace falta que los a los que los ciudadanos dieron la confianza de representarles asumen la responsabilidad que va más allá de los nombres de los candidatos o el número de sillones y carteras por repartir. Ésto va del poder que depende de “la institucionalización de la autoridad” y es concebido como un “medio generalizado de movilización de compromisos y obligaciones haca una acción común efectiva” (Lukes, 1974). Va de memoria que los españoles, catalanes y todas las demás identidades quieren tener en el futuro.

Señores, no sean estúpidos, que no lo sois.

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