La mala educación (a la Estremera)

Luchar contra el independentismo catalán desde el nacionalismo español es parecido al proceso de exorcismo. Aquel lamentable residuo de la fe, popularizado por la Inquisición, que  incluía el ritual de repetición continua de oraciones, acompañado de órdenes de expulsión y el uso de objetos que pueden repeler al demonio. Su objetivo final es hacer que el poseso renunciara al demonio y regresara a la buena fe. En otras palabras, que retomara el sentido y la cordura.

Mientras los sacerdotes de la Iglesia católica para la realización del exorcismo usan el llamado Ritual romano, los “defensores de España” usan la Constitución. Puesto que el origen etimológico de la palabra exorcismo deriva del latín exorcismus que significa estar sujeto a un juramento, el objetivo es asentar el juramento de la Constitución como el único ejercicio sensato de la política. Así que la puesta en escena retoma el símil histórico  y los líderes independentistas se ven desfilando ante los jueces del Tribunal Supremo instruidos a renunciar al independentismo.

Puesto que su alma seguramente fue secuestrada por el espíritu maligno, deben retomar el camino de la fe. Del sentido y cordura, jurando que no existe otra verdad que la contenida en la (Santa) Constitución. Mientras no muestren que lo hayan hecho y que se hayan arrepentido profundamente, quedando libres del pecado, deben permanecer en el “retiro” de Estremera.

Soy un lector de libros compulsivo, pero personalmente me parece que, en los tiempos que vivimos, Google resulta mucho más útil que la Biblia. Al menos a la hora de encontrar respuestas que conciernen la realidad cotidiana. Evidentemente, Google no es perfecto y contiene mucha información errónea y/o falsa. Pero, permite algo muy útil para los tiempos modernos que es la pluralidad de ideas e informaciones que uno puede contrastar para encontrar nuevas respuestas.

Igualmente que la Biblia, me parece que la Constitución no está adecuada para la complejidad actual donde distintas expresiones de identidades nacionales buscan ser oídas, respetadas y reconocidas. Aferrarse a la inmovilidad de lo que está escrito, sin apenas posibilidad de cuestionarlo, conlleva el peligro de repetir errores del pasado.

¿Qué pasa cuando el libro falla?

¿Más oraciones?  ¿Más castigo?

Me temo que no funcionará.

Igual que Lepoglava, la cárcel que, antes de la Segunda Guerra Mundial, tenía presos los líderes comunistas que construyeron la Yugoslavia socialista (entre otros a Tito), resultó ser “el centro universitario” y uno de las instituciones más exitosas para “formar almas en la lucha contra la burguesía”[1], el de Estremera se convierte en la “universidad” del independentismo catalán. Por cada día que los líderes políticos catalanes pasen allí y por cada día que se intentara capturar y encarcelar nuevos, su poder crece. Cada día nacen nuevos independentistas con ganas de matricularse.

Igual que la homosexualidad no es “una enfermedad”, resultado de “una falta de vigilancia de los padres”, el independentismo no es una “violación” resultado de una falta de vigilancia de las autoridades. Ambas son simplemente expresiones naturales de distintas identidades que deben ser respetadas y reconocidas.

En ambos casos, los encarcelamientos y persecuciones son igual de eficaces que los crucifijos, agua bendita y reliquias. Por mucho que se empeñaran, tratar de “reconvertir” a los independentistas en constitucionalistas, no funcionará. Únicamente se consigue que una parte de la sociedad repita aquella frase de La mala educación, de Almodóvar: “Esta sociedad valora más mi libertad que su hipocresía.” Únicamente genera más resentimiento.

En fin, luchar contra el nacionalismo usando el otro nacionalismo, es como “follar por la virginidad”.

Cuando el modelo falla no hay que forzar los sucesos para que la realidad se adecuara al modelo. Hay que buscar nuevos modelos que se adecuaran a la realidad.

En la realidad del siglo en el que vivimos está claro que la herencia de la cultura de víctimas y verdugos no hace más que alejar de la responsabilidad compartida. Los libros que perpetúan esta herencia no ayudan a evolucionar.

En fin, si las respuestas no están en el libro, la culpa no es de las preguntas.

[1] Lepoglava i univerzitet, Ugo Vlaisavljević

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