Hacia la era Post-Trump

Captura de pantalla del You Tube

Hace unos días vi una comparación del tiempo estimado de vida de un post en redes sociales. Twiter ocupa el último puesto con aproximadamente 5 minutos de vida que duran sus “verdades”. Vista la comparación, no me extraña que justamente ésta red social sea una de las preferidas entre los políticos modernos. Y particularmente, uno de los máximos exponentes de la “nueva política”, Donald J. Trump.

Desde que Nietzsche plantease la duda si la verdad realmente importa, ha habido pocos personajes tan ricamente (políticamente) construidos para demostrar que la “razón no es otra cosa que el deseo de poder”, según afirmaba el gran filósofo alemán mientras hacía el boceto de su “Übermensch”. De aquel “Superman” que surge desde la decadencia moral de la humanidad y se superpone a la debilidad del carácter humano porque es capaz de generar su propio sistema de valores. Éste “Superman” podría ser el presidente de los Estados Unidos,… si éste no fuera Donald J. Trump.

En realidad probablemente el último presidente de los EEUU, candidato a ser erguido en “Übermensch” era Franklin D. Roosevelt. Fue durante su mandato la última vez que ante la mención de los “intereses nacionales de los Estados Unidos” ningún país (sobre todo aquellos desafortunados de ser ricos en materias primas) temía ser invadido. Con Roosevelt quedó enterrada la enorme oportunidad de unir la humanidad bajo el deseo de progreso, unidad e igualdad. Desde entonces la mayor parte de las presidencias fueron un triste ejercicio de hegemonía. Y, sobre todo desde que los “Chicago Boys” dibujaron la hoja de ruta con los iniciales TINA. (There Is No Alternative). Desde entonces, las secuencias, cada vez más intensas, de crisis económicas seguidas de guerras “democráticas” por el control de los recursos naturales se han convertido en la tónica habitual de la política internacional del Gran Imperio de la modernidad.

Hasta el momento la formula ha sido bastante fiable. Numerosas “dictaduras” fueron convertidas en democracias fallidas, caldos de cultivo del terrorismo e inestabilidad regional, mientras sus reservas de petróleo disminuyeron a cambio de la promesa de una vida mejor. Pero las promesas en la era de la post verdad  tienen el mismo valor que un tweet. Duran el tiempo que una nueva promesa no las reemplace.

A pesar de las especulaciones (electorales) sobre la autenticidad de su melena, Donald J. Trump, no tiene un pelo de tonto. En estos momentos, éste hombre pragmático, guiado por los resultados, infranqueable en su ambigüedad moral y enamorado de Donald J. Trump, está evaluando emplear la misma fórmula en Venezuela. Mientras se lo está pensando, estaría bien encontrar un poco de cordura en la comunidad internacional para encontrar una solución pacífica al problema político de Venezuela. Más aún, estaría muy bien que este proceso empezase en la propia Venezuela, porque son muy pocos los venezolanos que podrán beneficiarse de un escenario en el cual Donald J. Trump defienda sus intereses.

Más aún, la crisis de Venezuela puede ser una buena oportunidad para resucitar el espíritu de Franklin D. Roosevelt. Para poner cimientos de la era Post-Trump en la cual las verdades serán construidas pensando en la imagen de la Tierra y no mirándose el ombligo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s